BIENVENIDA Y CARTA DE CARIDAD

PREÁMBULO

La Fraternidad Laica Cisterciense“Santa María de las Escalonias” nace con vocación de continuidad, de transcendencia a futuras generaciones y de
universalidad en su actuación, como no podía ser de otra forma en una asociación católica. Pero también y por ello consideramos muy necesaria la
comunión con otras fraternidades cistercienses.
Por ello, se ha considerado conveniente dejar establecidos unos objetivos claros y precisos y unas pautas de conducta para su consecución que no
pueden olvidar los objetivos y pautas de otras comunidades laicas cistercienses.
Por otro lado, nos ha parecido conveniente, designar este documento con un nombre que utilizara en su día la Fraternidad del Císter a cuya
espiritualidad nos acogemos: CARTA DE CARIDAD.
Se trata en realidad de fijar las líneas organizativas, pero de manera que sobre la racionalidad de este planteamiento planificador y organizativo
prevalezca la virtud de la Caridad que es finalmente el motor de nuestros actos. Por este motivo hemos preferido utilizar la denominación “Carta de
Caridad”.
No obstante, creemos conveniente hacer antes algunas consideraciones previas en cuanto a la Fraternidad propiamente dicha ya sus relaciones espirituales e institucionales.

¿Por qué?

Ya sea por intuición, ya por un proceso de racionalización, los actos del ser humano siempre tienen un por qué. Si la Fraternidad se propone acogerse al carisma cisterciense no es por una cuestión romántica al estilo decimonónico, sino por el convencimiento de que ese carisma puede ser exportado e implantado en la vida laica ordinaria. Así el tesoro espiritual que crece continuamente en los cenobios no quedará estéril, sino que se expandirá al resto de la comunidad cristiana.
Hay que precisar, además, que:
a) Quien desee seguir este camino debe hacerlo, por un lado, desde una postura vocacional personal y, por otro, desde el convencimiento de que la mejor forma de vivir esa Llamada de Dios es en comunión con los hermanos.
b) Quien desee seguir este camino debe asumir que su misión es dar testimonio de Cristo, como cualquier cristiano, pero desde una posición de oración y contemplación; instaurar el Evangelio en su vida, como cualquier cristiano, pero bajo la interpretación del Mismo que hace la Regla de San Benito.

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