La muerte no es el final

¡Aleluya, aleluya, aleluya!¡Cristo ha resucitado!
Es el grito que resonaría en nuestras iglesias, si no fuera por la pandemia del COVID19.

Pero esta peste del siglo XXI, en contra de lo que pudiera parecer, nos viene bien porque nos va a permitir gritar esas mismas palabras desde y con el corazón.
He querido poner como título de esta reflexión la canción que hoy forma parte de los honores a los caídos por España en el ceremonial de nuestro ejército. Esta canción fue compuesta por el padre Cesáreo Gabaráin Azurmendi que fuera capellán del colegio que los HH Maristas
tienen en Chamberí (Madrid), mi colegio. Es una forma de hacer vibrar mi corazón para romper ese anquilosamiento en que lo mete el mundanal ruido del día a día.
Tenía razón el padre Cesáreo, la muerte no es el final del camino.

La Resurrección de Cristo no es, perdonadme la expresión, un “acto milagroso de marketing celeste”, algo para impresionar. No. Es mensaje que consolida la Fe, aclara el panorama de la Esperanza y nos muestra el camino de la Caridad desde el Amor. Es, en definitiva, abrirnos la puerta a una
Nueva Vida, a un anticipo de la Vida Eterna, a un traer el Cielo a la Tierra. Y esta apertura, esto es lo más importante, nos da la oportunidad de ser copartícipes con Cristo de Su Redención.


Imitar a Cristo, ser cristianos, es mostrar al Mundo en nosotros, en nuestra actitud, en nuestra vida, en nuestro día a día, ese Cielo que nos espera.


Es todo un reto, pero merece la pena. Yo voy a intentarlo con todas mis fuerzas, ¿os animáis?
¡Feliz Pascua de Resurrección

Hno. Fernando OSM-PCC