Reflexiones del hmno Fr José de la Cruz

"Toda la pobreza humana, todo el desamparo humano, todo el pecado humano, se hacen visibles en la figura de Jesús crucificado", que está en el centro de la liturgia del Viernes Santo.

Y sin embargo, a lo largo de toda la historia de la Iglesia, ha despertado sentimientos de consuelo y de esperanza.

El retablo del altar de Isenheim, pintado por Matthias Grünewald, y que es uno de los cuadros de la crucifixión más conmovedor de toda la cristiandad, se encontraba en un convento en el que eran atendidos los hombres que eran víctimas de las terribles epidemias que azotaban a la humanidad en occidente en la Baja Edad Media.

El crucificado está representado como uno de ellos, torturado por el mayor dolor de aquel tiempo, el cuerpo entero plagado de bubones de la peste.

Las palabras del profeta, cuando dijo que en él estaban nuestras heridas, encontraron su cumplimiento.

Ante esta imagen rezaban los monjes, y con ellos los enfermos, que encontraban consuelo al saber que, en Cristo, Dios había sufrido con ellos.

Este cuadro hacía que a través de su enfermedad se sintiesen identificados con Cristo, que se hizo una misma cosa con todos los que sufren a lo largo de la historia; experimentaron la presencia del crucificado en la cruz que ellos llevaban, y su dolor les introdujo en Cristo, en el abismo de la misericordia eterna.

Experimentaron la cruz que debían soportar como su salvación.

Hoy inmersos en tanto sufrimiento por esta pandemia, volvemos la mirada a Jesús Crucificado hoy de nuevo por nosotros… Sabiendo que no nos deja solos… Nos carga y se cruficica en nuestros sufrimientos y pecados… El hace suyo tods esta barbarie…

Miremosle, y guardemos silencio, confiando en su Divina Misericordia… Señor… Que no nos quedemos solo con la muerte… Que vayamos contigo y por ti a la gloria de la Resurrección.